A primera hora, en una explanada del sur de Tenerife, hay un hombre pasándole la gamuza al retrovisor de un coche que lleva tres semanas en el mismo sitio. Ese coche ha estado en su elevador, y si le preguntas te cuenta la vida que ha llevado: si dormía en la calle, si veía el mar desde la ventana, si hacía carretera o solo ciudad. No tiene un don: sabe dónde mirar.
En un patio de Telde, en la otra punta del archipiélago, hay una mujer que el sábado va a ver un coche. Le gusta, le cuadra el precio y no sabe dónde mirar. Esto va de prestarle el ojo del primero a la segunda.
Conviene empezar por la parte buena. En media Europa el invierno se pasa echando sal a la carretera, y esa sal contra los bajos es lo que se come una carrocería. Aquí eso no existe. Lo de aquí es salitre en el aire, sol y trayectos cortos.
Un coche de aquí no es un coche peor: es un coche con otra biografía. Y la biografía se mira, no solo el cuentakilómetros.
El salitre no ataca donde tú miras
El salitre por sí solo no hace nada. Necesita humedad y tiempo. Lo que oxida es la sal que se queda mojada, así que lo que recibe sol, viento y lluvia aguanta bien. El problema son los rincones que retienen humedad:
- La cara interior de los pasos de rueda, detrás de los faldones, donde se apelmaza la tierra. Esa tierra hace de esponja: se moja y ya no seca.
- El canto inferior de las puertas y del portón. Ahí van los agujeros de desagüe, y si están tapados el agua se queda dentro.
- Los estribos, las costuras entre chapas y el hueco de la rueda de repuesto.
La señal a simple vista es la pintura que burbujea. Ojo, que la pintura no está fallando. Hay óxido debajo empujando.
Pasarle agua a los bajos no cuesta nada. Y casi nadie lo hace.
No todos han vivido lo mismo. El que ha dormido a doscientos metros del mar no es el que ha dormido en un garaje en Santa Brígida, aunque marquen el mismo año y los mismos kilómetros. El de costa arrastra salitre y sol. El de medianías, humedad y pendiente, que es donde trabajan los frenos. Ninguno es peor. Se desgastan en sitios distintos.
El truco del imán
Un imán pequeño, de los de la nevera, envuelto en un paño para no rayar. Se pasa por los bajos, el canto de las puertas y el labio de los pasos de rueda. Donde hay chapa sana con pintura, agarra firme. Si debajo hay masilla tapando una reparación, pierde fuerza o se cae.
Dos avisos, que separan el truco de la leyenda. La masilla no es un delito. Un golpe reparado en condiciones lleva su poco y no pasa nada. Importa cuánta y qué hay debajo, porque una chapa cortada, soldada y tratada aguanta, y la masilla sobre óxido vivo vuelve a burbujear. El imán no sentencia nada. Te da preguntas.
En muchos coches modernos no vale. Hay capós y aletas de aluminio, y los paragolpes son de plástico. Ahí no se pega y no significa nada. Compara mejor el mismo punto en los dos lados a la luz del día. La simetría es el mejor detector que hay.
Los kilómetros que no calientan
Aquí se conduce mucho y se hace poca carretera. Casa, trabajo, colegio, supermercado. Diez o quince minutos.
Un motor tarda un rato en alcanzar su temperatura. Hasta que llega, parte del combustible sin quemar se cuela al aceite y lo diluye, y el agua que se condensa dentro del motor y del escape no llega a evaporarse. Si el coche se apaga antes de calentar, esa agua se queda dentro. Y mañana otra vez. De ahí salen tres cosas: el aceite envejece antes de tiempo, el escape se pudre desde dentro y la batería no repone lo que gastó al arrancar.
Y hay una cuarta. El filtro de partículas de un diésel moderno necesita rodar caliente y un rato seguido para limpiarse solo, y a base de trayectos cortos esas limpiezas se quedan a medias. Si tu día son diez minutos de ida y diez de vuelta, un diésel con filtro puede no ser tu coche por muy bien de precio que esté. El cuentakilómetros cuenta media historia. La otra media hay que preguntarla.
Lo que te dice una ITV recién pasada, y lo que no
Que la ITV esté recién pasada es buena señal y una preocupación menos. Te dice que ese día, y para lo que se revisa, el coche pasó. Y se revisan cosas serias: frenos en el banco de rodillos, luces, holguras, neumáticos, emisiones y la corrosión de la estructura y los tubos de freno. Eso importa aquí. Significa que ese día nadie vio la estructura comprometida.
Lo que no te dice es casi todo lo demás: nada del motor, del cambio, del embrague ni de la electrónica, ni si le han hecho los mantenimientos. Una ITV es una inspección con un procedimiento y un tiempo tasados. Nadie te asesora la compra.
Hay un papel que casi nadie pide: el informe de la inspección, con los defectos leves que no impiden pasarla. Es gratis y te cuenta qué vio el técnico con el coche levantado. Por eso el kilometraje y la ITV van a la vista en cada ficha, esté como esté.
Las cinco preguntas antes de dar la mano
Si no te llevas nada más de aquí:
- ¿Dónde ha vivido y dónde dormía?
- ¿Qué hacía, carretera o trayectos cortos?
- ¿Le han pasado agua a los bajos alguna vez?
- ¿Me enseñas el informe de la última ITV, no solo la fecha?
- ¿Lo puedo ver levantado?
La mujer de Telde no tendrá el sábado el elevador del hombre de la explanada. Pero con un imán y cinco preguntas mirará ese coche mejor que casi todos los que pasaron antes.
¿A un profesional o a un particular?
Todo esto es el trabajo de mirar un coche. Falta decidir quién lo hace.
Si le compras a un particular, te toca a ti, y para eso es este artículo. No porque esconda nada. Revisar coches no es su oficio. Es el mismo coche, suele salir más barato y te cuenta su vida de primera mano.
A un profesional no le haces ese examen, porque ya lo hizo él. Mirar los bajos y tener el coche en el elevador es su oficio, y lo hace antes de ponerlo a la venta, porque el que responde después es él. Comprarle es comprar también ese trabajo hecho.
Y no de boquilla. Por ley responde de los fallos que ya traía el coche. Son tres años, y la ley le deja pactar por escrito un plazo menor que nunca baja de un año; en ocasión lo habitual es ese año. Un particular no da esa garantía porque la ley no se la pide, aunque responde de los defectos ocultos graves, otra figura bastante más difícil de reclamar.
Añade los papeles y la transferencia, que suele llevar él, y que sigue ahí el mes que viene, con nombre, sede e isla comprobados antes de entrar en el directorio. Nada de esto te quita el derecho a preguntar ni a ver el coche levantado. Lo que cambia es que no empiezas de cero.
Cuando te toque a ti
Si empiezas por casa, ahí tienes los coches de las islas y quién tiene la tienda abierta; y si vendes el tuyo, lo publicas cuando quieras, sin repartir tu teléfono. De por qué lo hacemos así hablamos el primer día.
Un coche que ha vivido aquí no tiene nada que esconder. Solo hay que saber mirarlo.
Ocho islas. Ni una más.









